El trabajo

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Objeto 1
Objeto 2
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Además de «sanatorio», Fontilles se definió como una «colonia». Inspirada en el modelo de las colonias agrícolas, en la colonia-sanatorio de Fontilles el trabajo fue concebido como un remedio al servicio de la curación moral y corporal de sus habitantes y un antídoto contra los males atribuidos a la ociosidad. Las actividades laborales fueron un instrumento eficaz de intervención colectiva con el que fijar los tiempos y los espacios de la vida cotidiana de las personas. Además de la producción agrícola y ganadera, los hombres trabajaron en los talleres de carpintería, zapatería y alpargatería, fontanería y electricidad, herrería, imprenta y encuadernación, o formando parte de brigadas encargadas de la limpieza y el mantenimiento de los caminos y jardines o de los trabajos de obras de villa y pintura en los antiguos y nuevos edificios. Las mujeres se ocuparon del lavado, reparación y confección de la ropa, así como de la limpieza de las instalaciones. La división por género de las ocupaciones tuvo su correlato en la ubicación de los espacios de trabajo, siempre cerca de las zonas de residencia de los hombres o de las mujeres. La actividad laboral era voluntaria para aquellos que los responsables médicos declaraban aptos para el trabajo.

Un cartón, veinte duros. Imágenes y voces del trabajo de los hombres en Fontilles.

Se incentivó de diferentes maneras, que iban desde la gratificación con cajetillas de tabaco al pago de un salario. El sanatorio garantizaba la cama, el tratamiento y la comida para todos los residentes, pero el resto debía ser adquirido en el economato, donde solo se admitía el pago con los llamados «cartones». «Ganaba un cartón, que valía por veinte duros. Los billetes no eran billetes, eran cartones. Valía solo aquí, valía como dinero», contaba Paco al explicar su trabajo en el comedor de hombres. El uso de una moneda interna fue una fórmula empleada en muchos sanatorios. Así se evitaba la circulación de dinero en el interior de las instalaciones y se prevenían los intentos de fuga. A partir de la década de 1950, cuando los tratamientos sulfónicos permitieron las primeras altas, el trabajo de los enfermos adquirió una nueva finalidad en Fontilles. Los talleres se convirtieron en escuelas laborales destinadas a ofrecer una formación profesional que facilitara lo que en aquellos años se denominó «reinserción social». Se generalizó también el pago de salarios en pesetas, permitiendo así las compras dentro y fuera del sanatorio, o la acumulación de pequeños ahorros con los que ayudar a las familias o preparar la salida.

Na y menos. Imágenes y voces del trabajo de las mujeres en Fontilles.